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Monday, January 04, 2010

Lewis Carroll

¡Clama tú, dulce niña, salva los corazones
Hundidos en el intelecto que se engaña!
¡Ah, que feliz sería el que en su corazón los goces
Tenga, y reviva en su alma la fe de la infancia!

Saturday, January 02, 2010

Oniwabanshu - Kyoto Tansakugata

Por las palabras que nunca dijimos a pesar de tanto desearlo,
Por las personas que olvidamos,
Por el valor perdido en el momento menos indicado,
Por la fortaleza surgida cuando menos se esperaba,
Por los sueños desaparecidos y los recien surgidos,
Por las esperanzas encontradas y aquéllas convertidas en cenizas,
El final de una era,
El nacimiento de un camino,
Oniwabanshu - Kyoto Tansakugata

Monday, December 07, 2009

Lord Byron: Don Juan. Canto iii. Stanza 86. 7

Earth! render back from out thy breast
A remnant of our Spartan dead!
Of the three hundred grant but three,
To make a new Thermopylae!

Tuesday, November 17, 2009

EL CAZADOR

Sangre, fuego, súbita luz. Axel despertó sobresaltado, sus manos sudorosas se aferraban a las sabanas, crispadas. La muerte rondaba su lecho; se acercaba zumbando, en la oscuridad, en las tinieblas de su mente, de su alma. Repentinamente recordó, él era la muerte, él era el oscuro cazador, el ejecutor de la noche.

Desde la muerte de su esposa, desde el asesinato de su hermano, combatía a la noche, a la maldad que acecha en las penumbras. Era el cazador de ánimas, el oscuro verdugo, como lo fuera su padre y el padre de éste antes que él. Sólo él se enfrentaba a la noche y a sus demonios, a sus espectros, a sus amos.

En su mundo no existía la piedad, el honor o la gloria, tan sólo el brillo de una espada y horror, horror a los muertos silentes, a la oscuridad ardiente. Sus manos estaban llenas de sangre, sangre de engendros, de monstruos abominables salidos de las más terribles pesadillas. Sin embargo, nada le importaba, pues era un hombre que lo había perdido todo, absolutamente todo.

El cazador se levantó lentamente de la cama y se vistió en silencio, la hora había llegado, la hora de combatir, de entrar a una nueva pesadilla. No sentía miedo, no sentía pesar, en sus ojos brillaba la ira, la venganza. Venganza por su esposa, por su hermano, por él mismo, por todos aquellos que la noche había arrebatado, por aquellos que nunca volverían a ver la luz de un nuevo día.

Se dirigió a la puerta y salió, a la oscuridad, al misterio. Un viento frío lo recibió, un viento cargado de un cierto olor a muerte, a sangre, a dolor. La bruma se extendía por doquier, todo estaba tenso y en silencio, era como si la noche tuviera miedo, miedo por sus hijos, por sus aberraciones. Entre la niebla y las sombras, Axel, el cazador de ánimas, seguía avanzando, con fuego en los ojos, con una espada es su mano. La cacería, había comenzado.

Monday, September 28, 2009

Premio

Pues he estado algo ocupado y no he podido presumir un premio que Proyecto Gilgamesh obtuvo como mejor trama en los Fanfic Awars 2009 de Mcanime.

Monday, July 20, 2009

Quinto Horacio Flaco: Carminum I, 11 («Carpe diem»)

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

Sunday, April 12, 2009

Lewis Carroll: Poema

Arde el cielo del estío, y se desliza
La barca en calma por el agua lisa.
Íntima cae la tarde con delicia.

Cual aves en su nido están tres niñas,
El ojo alerta y el oído atento,
Porque escuchar el cuento las cautiva.

Los años aquel cielo han alterado.
Ecos tan sólo quedan, recuerdos vanos;
Ante el rocío otoñal cede el verano.

Sin embargo me ronda, vago espectro,
Alicia, de un extremo al otro del cielo:
Niña a la que no ven ojos despiertos.

Como entonces, quieren escuchar el cuento,
El ojo alerta y el oído atento,
Las tres niñas, como aves en silencio.

Invaden un país de maravillas;
Dormir, soñar, mientras pasan los días,
Dormir, en tanto que el verano expira.

Es como ir por un caudal corriendo,
Ligero y fugaz como un destello.
La vida, dime, ¿es algo más que un sueño?

* Este poema coloca en acróstico Alice Pleasance Liddell, nombre completo de una de las más famosas niñas de la literatura universal: Alicia.

Saturday, December 06, 2008

Ts'en Ts'an: A un Monje en las Montañas T'ai-pei

Dicen que hay un monje en las montañas T´ai-pei,
Que flota como el perfume, a trescientos pies bajo el cielo.
Una vez con sus escrituras se escondió en el pico central,
Y apenas fue visto por quienes escuchaban el tintineo de su campanita.
Su bastón de metal una vez separó a dos tigres en lucha a muerte,
Ahora se apoya contra la ventana, bajo su cama un jarro contiene un dragón.
Sus ropas están hechas con hierbas y hojas,
Sus orejas tocan sus hombros, sus cejas cuelgan sobre su rostro.
Nadie sabe su edad, pero los pinos verdes que plantó,
No pueden rodearse con diez brazos.
Su mente es clara como un río que fluye,
Su persona, como las nubes, no conoce lo correcto ni lo incorrecto.
Una vez un viejo de Shang Shan lo encontró,
Pero no pudo hallar el camino en esas alturas no holladas.
Aún vive en las montañas este monje desconocido,
La gente del pueblo no lo conoce, miran en vano al fundente cielo azul.

Friday, November 07, 2008

Miradas de Tiniebla

La noche se agitaba, vigilante y sinuosa, sonora y tenebrosa. Erick Van Saar avanzaba rápidamente a través de ella, mirando hacia todos lados, nervioso, con ojos preocupados y llenos de miedo. Como todas las noches durante ya más de un año, había salido a dar un paseo por las desoladas calles de la ciudad, sin embargo esta vez todo había sido diferente: Desde el momento en que salió de su casa ubicada en el centro de la población, había sentido como si alguien lo observara fijamente, una fría mirada que se clavaba en sus entrañas y lo analizaba y más aún lo amenazaba.

El nerviosismo de Erick había ido aumentado a media que había sentido a la mirada hacerse más y más intensa, hasta que llegó a un punto en que no pudo soportarlo y comenzó a correr. Ahora, avanzaba a toda velocidad por las callejuelas oscuras, tratando desesperadamente de escapar de lo que lo observaba entre las sombras. ¿Por qué alguien deseaba hacerle daño a él que era tan débil e inofensivo?, Van Saar no lo entendía en lo absoluto y sin aminorar su apresurada marcha, se dirigió al único lugar que creía seguro, la única iglesia del lugar.

Las casas oscuras y silenciosas se sucedían unas a otras, ignorantes del peligro que enfrentaba el solitario caminante quien mientras corría no dejaba de voltear hacia atrás, sintiendo siempre aquella gélida mirada, tan terrible y llena de odio. Por fin, la oscura silueta de la iglesia apareció frente a él, grandiosa y protectora. Erick incrementó aún más su velocidad con un atisbo de esperanza en sus ojos, sabía muy bien que si lograba llegar a la parroquia, la oscura mirada, esa maldad velada, dejaría por fin de seguirlo y de atormentarlo. Así, continuó corriendo, atravesando calles y avenidas como un alma en pena furtiva, como un destello brillante en la noche tenebrosa. La mirada lo seguía aún desde lejos mas a Van Saar no le cabía duda que nunca se atrevería a seguirlo al sagrado lugar al que se dirigía.

Cuando, tras su angustiosa carrera, llegó por fin a la puerta de la iglesia, aquello que lo seguía pareció desaparecer por completo en las profundidades de la noche. El agitado hombre se detuvo al fin, aún nervioso, atento a cualquier sonido que pudiera indicar que su misterioso perseguidor aún se encontraba tras él, mas no pudo escuchar nada. Luego de comprobar que el peligro había desaparecido, al menos momentáneamente, Erick se dirigió al negro portón del templo e intento abrirlo pero para su consternación, lo encontró cerrado. ¿Acaso la casa de Dios no debía permanecer siempre abierta para aquellos que lo necesitaran?, se preguntó Van Saar mientras el miedo volvía a renacer en su interior.

Entonces sucedió… A través de las calles empedradas de la ciudad, comenzaron a resonar unos claros pasos, rítmicos y terribles que se acercaban más y más a la trampa mortal en que se había convertido la puerta cerrada de la iglesia. El cuerpo de Erick comenzó a temblar compulsivamente, mientras el terror nublaba su mente y lo asfixiaba al mismo tiempo, llevándolo a un mundo negro y sin sentido, donde sólo la muerte lo aguardaba. Los pasos continuaban acercándose y la mirada oscura apareció nuevamente desgarrando su alma, llena de odio y maldad pura. El hombre lanzó un grito desesperado, clamando por ayuda, luego ya no supo más…

John Drake encendió lentamente un cigarro y comenzó a fumar tranquilamente, a sus pies se hallaba el cuerpo inerte de Erick Van Saar, en cuyos ojos podían verse aún señales de una ira y un miedo que rayaban en la demencia. Un orificio que alcanzaba a verse en su frente, producto de una bala, había sido sin duda la causa de su muerte. Drake, aún con el arma homicida en la mano, lo observaba en silencio mientras la noche se extinguía y las primeras luces del día pintaban toda la escena con un tono rojizo y sangriento.

Luego de un largo rato, el detective de policía suspiró, al fin todo había acabado, el terrible asesino que había asolado la ciudad por más de un año yacía a sus pies, muerto de un certero disparo, producido cuando en su demencia asesina, Erick se había abalanzado sobre el oficial, queriendo acuchillarlo. Drake no había tenido otra opción, Van Saar prácticamente lo había emboscado junto a la puerta de la iglesia, sin darle tiempo de hacer otra cosa que disparar apresuradamente su arma, poniendo así el punto final a la ola de terror que había causado el psicópata.

Esta vez el asesino, apodado por la prensa “carnicero de media noche”, no se había enfrentado a una de sus victimas regulares, caminantes inocentes y desprevenidos que no tenían oportunidad, sino al joven agente que recientemente había asumido su caso. John había logrado hacer, lo que los detectives anteriores asignados a la búsqueda del famoso homicida no pudieron, descubrir su identidad. Por esta razón había seguido a Erick Van Saar esa noche en su “paseo nocturno”, seguro de que se trataba del carnicero y de que esa noche mataría nuevamente. No estaba equivocado.

Mientras amanecía, John Drake escuchó con claridad el sonido de las patrullas de policía que se acercaban al lugar, en su rostro se dibujó una breve sonrisa, sus compañeros llegaban tarde, como era costumbre. Dejando de fumar, miró nuevamente el cuerpo inerte de Erick Van Saar, el carnicero de media noche, en cuya crispada mano se encontraba aún el largo y curvado cuchillo con el que cercenaba a sus victimas.

Wednesday, October 29, 2008

Un bello mundo

Un bello mundo,
En soledad, silencio y una protesta,
El viento viajando,
Aquí y allá nubes doradas oscurecen cielos de ensueño.

Un bello mundo,
Violines que resuenan en mares vedados,
El fuego helado del destino,
Sueña con Nadie.

Un bello mundo,
Tu voz y mi voz y una voz,
Estrellas sin rumbo en un mundo de espejos,
Cazadores ardientes en la tierra carmesí.

Tuesday, September 09, 2008

El crepúsculo

El crepúsculo alumbra los valles de nim-am-karamod
donde los ángeles viajan con las estrellas de sombra funesta,
Eloísa espera allí,
al profeta del mar eterno,
al soñador del viento noche de luna muerta.

Los rugidos silentes de los dragones maldecidos,
Arrullan su larga espera,
Los ejércitos de blancos huesos deslavados,
Son espuma y fuego y odio helado,
Son destrucción y vida y una batalla clamor sin sentido.

El domador de tormentas se acerca,
Galadon Peradil su nombre,
General de los batallones marchitos
Hojas de abedul sus ojos sangre,
en la tierra del crepúsculo y amanecer perlado en savia,
Ha de enfrentar a Eloísa.

La danza comienza entre aullidos y oraciones en trueno,
Los rojos tintes del crepúsculo bélico se tiñen de clavel,
Dragones y céfiro,
Magos y bárbaros y héroes ignorados,
Aquí y allá,
Sólo existen el viento y el fuego.

Las llamas se desvanecen,
Las almas se extinguen en lágrimas cristal montaña,
reflejos sagrados oscurecidos por acero de olvidos y nieblas,
El final y zozobra parca de los corazones de la marca.
Eloísa y Galadon,
amantes, adversarios, fantasmas olvidados mucho tiempo ha.

Saturday, August 30, 2008

Luciérnagas

Los cerezos estaban en flor. Sus pétalos caían lentamente a mi alrededor, mecidos por el viento de Mayo. Miré hacia el cielo, donde una luna llena brillaba tranquila. El bosque estaba en silencio, velado por la suave luz nocturna. Continué avanzando, aún rodeado de flores de cerezo. Un pájaro cantó un momento en la copa de algún árbol. Calló enseguida, apenado por romper la paz de aquél lugar. Entonces la vi. Se hallaba de espaldas. Inmóvil. Observaba la luna con su mano derecha apoyada en el tronco de un grueso roble.

Me acerqué en silencio, casi sin respirar. Cuando estuve junto a ella, dejó de observar el disco plateado y me miró un instante. Sus ojos pardos y profundos me envolvieron por completo. Sin decir palabra echó a andar. Permanecí unos momentos sin moverme, observándola alejarse: su kimono blanco reflejaba los destellos lunares, rodeándola de un brillo tenue, casi divino. Su negro cabello, que caía libre sobre sus espaldas, se mecía rítmicamente, siguiendo el compás de su suave caminar.

Cuando su figura ya comenzaba a desaparecer en el claroscuro de la noche, la seguí. Sabía muy bien a donde se dirigía. Caminé tras ella por un largo rato, mientras la bóveda estrellada bailaba por sobre mi cabeza. Al fin llegamos a nuestro destino: una pequeña laguna escondida en lo más profundo del bosque floreciente, sus aguas besadas por la plata celeste. Las luciérnagas danzaban en sus orillas, pequeñas estrellas que visitaban la tierra.

Ella también estaba en la orilla, rodeada de las diminutas luces. Sakura. Mi Sakura. Me aproximé, mientras mi corazón comenzaba a latir fuertemente. Me recibió con una ligera sonrisa. Tomé sus manos entre las mías y las atraje suavemente hacía mí. Las llevé a mi pecho. Sus dedos finos se depositaron sobre la tela de mi kimono negro. Se unieron a mi corazón. Nos miramos unos instantes. De entre su rostro blanco y sus finas facciones, volvieron a atraparme sus ojos infinitos. Entonces el silencio se rompió. Numerosos gritos y voces penetraron el bosque. Mis enemigos me buscaban para tomar mi cabeza.

Busqué instintivamente la empuñadura de mi katana. Ella negó con la cabeza. Recordé y me detuve. Las luciérnagas continuaban volando a nuestro alrededor. Su luz se reflejaba en la laguna dormida y, junto al resplandor de la luna llena, formaba un camino estrellado en su superficie. Nos separamos y volteamos hacia él. Había llegado el momento. Comenzamos a avanzar. Cuando nuestros pies tocaron el agua, nos detuvimos un momento. Las voces se oían más cercanas.

Nos tomamos de la mano. Continuamos nuestro andar a través del camino de agua plateada. Las luciérnagas nos seguían, llenando de destellos el aire. A medida que avanzábamos, nuestros cuerpos fueron fundiéndose con las aguas calmas. Pronto, incluso nuestras cabezas desaparecieron de la superficie. Bajo la laguna el sendero era aún más brillante. Las estrellas nos rodeaban y nos invitaban a unírnosles. Mientras el resplandor nos envolvía por completo, entramos juntos al lugar donde la tierra y el cielo confluyen. Aún tomados de la mano, nuestros cuerpos se desvanecieron en luces multicolores. Mientras en la orilla mis enemigos nos buscaban, nuestras almas ascendieron unidas al firmamento.



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Wednesday, August 27, 2008

Virgilio: Eneida II, LVI

¡Gran Héctor que de gloria y de consuelo.
Astro por siempre a los Troyanos fuiste!
¿De cuál remoto y olvidado suelo,
Tornas al fin a nuestra playa triste?
¿Y tras fatiga tanta, estrago, duelo,
Hoy de nuevo tu brazo nos asiste?

Wednesday, July 09, 2008

El Corazón de la Espada

Retiré mi espada ensangrentada de su pecho. Se desplomó enseguida, una carcasa vacía, libre de los sufrimientos del alma. Miré la hoja por unos instantes: el brillo del sol contrastaba con la sangre espesa que escurría lentamente por ella. Pensé en los vestidos de seda roja de mi madre. Otro se acercó por detrás. Giré con rapidez y un tajo veloz desprendió su cabeza de sus hombros. Su cuerpo cayó frente a mí, mientras su cráneo flotaba. Finalmente halló reposo, unos pasos más allá. El líquido rojo que escurrió de él, alimentó la tierra sedienta bajo mis pies. Mi espíritu lloraba.

La feroz batalla seguía su curso. A mi alrededor, multitud de hombres se enfrentaban. El choque del acero desprendió chispas heladas ante mis ojos. Eché a correr y con un grito proseguí el combate. Mi espada fue a chocar con un escudo centelleante. Sobre él se recortaba la imagen de un león dorado en un campo verde. Un rival verdadero. Un caballero. Sentí un cosquilleo en el estomago. Hasta ahora no había hecho más que enfrentar a soldados comunes, carentes del entrenamiento adecuado. Esto era diferente. Retrocedí un poco. Nos miramos unos segundos, expectantes; nuestras armaduras brillando en tonos rojizos mientras el día llegaba a su final.

Cargué entonces contra él. Nuestras espadas y escudos se mezclaron en una danza fúnebre. El chirrido del acero nos envolvió. Era muy fuerte. Cada uno de sus golpes hacia temblar mis brazos. Había tenido razón. Era un contrincante formidable. Mientras la pelea continuaba supe que vencerlo era prácticamente imposible. Recordé nuevamente a mi madre. Antes de partir a esta batalla, me dijo que aún no estaba preparado. No la escuché. Mi único pensamiento era conseguir gloria en el combate. Mi padre lo hizo así. Y su padre. Y el padre de su padre. Todos murieron en la guerra.

Mientras mi fuerza se desvanecía por los embates del caballero del león dorado, me di cuenta que era parte de un ciclo inacabable. Peleaba para ser como mi padre. Para tener un nombre glorioso como él. Para que se sintiera orgulloso de mí, dondequiera que estuviese. Mi progenitor luchó por la misma razón. Mis otros antepasados también. La gloria de mi espada era la de un asesino. La muerte, propia o de otros, era la herencia de la familia. Matar o morir. A eso se reducía mi destino.

Mi escudo voló tras un fuerte golpe del caballero rival. Todo había terminado. Entonces en un soplo de luz, comprendí. El arma que sostenía en mi mano era un instrumento de muerte pero también de vida. Un verdadero caballero levanta su espada sólo para proteger. Mi madre me enseño esas palabras. Las entendí al fin. Dos corazones latieron entonces al unísono. El mío y el de la espada. Con un sólo movimiento, el escudo con la imagen del león se alejó de la mano de su dueño. El círculo se había roto. Era libre del legado de mi estirpe.

Ataqué nuevamente. Dos aceros afilados chocaron con un sonido sordo. Mi contendiente y yo permanecimos inmóviles, nuestras armas oponiéndose frente a nosotros. Ninguno de los dos cedía. El sol ya se ocultaba en el horizonte. Sin embargo, el corazón de la espada estaba conmigo. Los músculos de todo mi cuerpo se tensaron. Con un raudo movimiento hacia atrás me separé del enemigo. Perdió el equilibrio por un segundo. Fue su perdición. Un golpe ascendente lo impactó. Su espada aterrizó cantarina a varios metros de donde nos hallábamos. Él se desplomó frente a mí. Su pecho continuó latiendo. Sobreviviría. Enfundé. La noche me circundó tímidamente, fresca y pura. Noté que la batalla estaba concluyendo. No me interesó que bando era el ganador. Me alejé de aquél lugar, bañado por las sombras. Nunca volví a ser el mismo. Los dos corazones que latían juntos eran los de un caballero verdadero.

Sunday, June 22, 2008

William Shakespeare, Henry V

We few, we happy few, we band of brothers;
For he to-day that sheds his blood with me
Shall be my brother; be he ne'er so vile,
This day shall gentle his condition:
And gentlemen in England now a-bed
Shall think themselves accursed they were not here,
And hold their manhoods cheap whiles any speaks
That fought with us upon Saint Crispin's day.